11/28/2009

El Baile de los que sobran

Michael Monclou Chaparro

Si a un niño se le dice que es el futuro de un país, lo lógico no es derrumbarle dicho futuro sino sentarle las bases para que se lo pueda labrar. Los principales problemas de las universidades públicas son, en definitiva, las universidades públicas.

Ésta es la concepción no sólo del actual gobierno sino de todos los otros gobiernos que hace mucho antecedieron a este. Incluso, parecería ser la concepción de los muchos estudiantes indiferentes frente a la situación de otros jóvenes, que como ellos, merecen educarse.
Varias veces durante los últimos meses algunas vías se han visto colapsadas como efecto de las protestas que una vez más sacudieron a la capital. La diferencia radicó, esta vez, en que no sólo unos encapuchados lideraron las marchas, sino cientos de personas entre los 17 y los 25 años vestidos como cualquier ciudadano del común y dando la cara.

El problema entonces no es sólo de un puñado de personas… el problema es de la educación pública universitaria en Colombia cuya crisis no comenzó hace un par de meses sino décadas atrás, y más específicamente, cuando la Ley 30 de 1992 estableció como referente para girar recursos a las universidades públicas el Índice de Precios al Consumidor. De la misma forma en que el salario mínimo se convirtió en una moneda de cambio, el IPC indicaría cuánto más dinero podrían recibir la totalidad de las universidades públicas anualmente, lo que trajo consigo un déficit difícil de superar. Fue así como el presupuesto no se mantuvo coherente con el aumento de la oferta educativa, ni con el costo de doctorar un profesor, de mantener un grupo serio de investigación o unos laboratorios actualizados, y el bache presupuestal se agrandó ahondando la crisis del emergente esfuerzo por educar profesionalmente la población.


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