3/24/2011

El espejo roto de lo dado




Simón Ortiz Pinilla

La palabra memoria y la persona memoriosa, corren con suerte por los pasillos de la casa de la justicia. La memoria, enseña Borges, está hecha de un material hermoso, que es también la esencia del perdón: el olvido.

En esas casas de justicia, critican con severidad los inconformes y no tan amigos de la memoria, que solo se enseña conceptos para que estos sean aprendidos al pie de la letra, y a la hora de recitarlos, no se pierda ni una coma. Pero este, que es un problema verdadero, no se puede reducir a ser el error esencial de dichas casas; la repetición no garantiza nada (pues recitar no implica saber sobre el objeto recitado) pero es más productivo redirigir la crítica y acercarla a cuestiones fundamentales, hacia el significado de lo que se repite.

Siguiendo a Slavoj Zizek, el papel de la filosofía, no es el de responder a las preguntas fundamentales, sino seguir haciendo preguntas y redirigiendo las existentes: preguntarse, cuando se habla sobre la libertad, no si ¿somos libres? Sino ¿qué significa ser libres?

La decadencia
Uno de los problemas de la humanidad, es darle a los hechos una explicación puramente subjetiva (pretendiendo objetividad universal), o mejor dicho, es pensar que luego de lo ferozmente sucedido, el presente se petrifica, por ejemplo, en la post-guerra; argumento autorreferencial que se traduce en: “el fin de la historia y de las ideologías”, cantado después de la caída del muro de Berlín en el 89. 

El fin de la justicia en las “ciencias” jurídicas, llego inundando a todo tipo de facultades conservadoras, cuando encontrando una justicia que parecía ser bella, se decidió sería la justicia absoluta, la verdadera. Coincidencialmente, esa justicia va de la mano con la riqueza de su paladín; olvidando que de la riqueza no deviene la virtud, sino al contrario, como se enseñaba hace 25 siglos en Atenas.

En ese orden de ideas, es que se puede decir que el problema no está en la repetición, sino que yace es en el sitio al que transportan dichos conceptos. En alguna de las conversaciones de Sócrates[1], se puede ver una inquietud similar, cuando se aborda la discusión sobre si  la retorica es un arte. Ella esencialmente no guarda lo feo ni lo injusto, pero puede ser un medio para accederlo; del mismo modo, es bella cuando se usa como puente para la justicia y el bien. Sucede lo mismo con la memoria: es sencillamente otro de esos puentes, cuyo destino lo pone el caminante. El evangelio apócrifo dice que Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días”.

Aquiles adelanta a la tortuga

La justicia repetida ciegamente no es otra que la que emprendió a aplicar con sed el caballero de la triste figura, sin ningún resultado. La misma que destruyo a Sodoma y Gomorra: darle a cada quien lo que se merece. Ésta sin duda es la más justa de todas las nociones (a menos que nos acerquemos al inescrutable azar, que es adverso y piadoso[2]). Sin embargo, el animal que se cree hombre, no ha entendido que esta visión, trascendente, nos está vedada, y es por eso mismo que siempre el acercamiento a ella fracasa[3], pues darle a cada quien lo que se merece implica juzgar plenamente a los hombres con una vara terrenal, parcial. Tarea que no nos pertenece, pues vuelve a su aplicador un tirano, un padre primordial que genera un sentido gregario en el vulgo ignorante, que se sumerge en la sensación de protección que les brinda el padre.

El sobrepaso lo da Cristo en los evangelios; enseñando, muy astutamente, que él es el hijo de Dios y que todos somos sus hermanos; que errar es el pan de cada día, que solo en los sitios oscuros es donde la luz puede iluminar, y que al hombre no le está dado medir al hombre. Hace dos mil años fue sentado el precedente[4], que genera gracia, en cuanto la mayoría de cristianos parece ser lo más “anticristo”, dando pie a que la posición más ética ante Dios, sea la de ciertos ateos[5], que deciden obrar bien, no por la promesa del paraíso sino por ese simple hecho, al igual que no hacen mal, no por temor al infierno sino por el amor al bien[6].

En la edad media, en la que rondaba una  riqueza literaria e histórica que no todos comparten, sucedía lo mismo que ahora, se reprochaba cuestionar el dogma, por lo que solo estaba permitido repetir a Aristóteles y no pensarlo.

La extensión del ser

El sujeto se encuentra envuelto en la totalidad de la existencia, pero al tener un limitado conocimiento, observa en el objeto solo lo que su misma capacidad de conocimiento le permite (por esto, también es posible señalar que la conciencia deviene de una deficiencia vital, como lo hacía Cioran).
Nuestro limitado conocimiento de lo externo (como por ejemplo la inaccesibilidad de la verdad absoluta) está sujeto a la condición limitada de nosotros mismos y no como dicta la máxima kantiana sobre la condición limitada del objeto de nuestro conocimiento[7].  La imaginación viene a jugar entonces un papel fundamental; esta no supera al objeto, sino que se desenvuelve alrededor de el, con una característica especial que es la de extender y contradecir[8] la limitación humana sin la pretensión de transgredir el objeto mismo, pues como ya se dijo el sujeto se encuentra envuelto en la existencia y la imaginación solo desvela lo que por la limitación, el sujeto no capta: otra pincelada más en el lienzo del objeto.


Los crujidos

Que cese ya el gobierno de los dogmas y los temores e imaginad al mundo;  y que nunca pare el cambio, que la vida es una isla, que es todos los días diferente por la ineludible marea; que no os frenen los bellacos, depósitos de la envidia, que ante la incapacidad de alcanzar las cosas que desean, optan por tratar de abolirlas

Bogotá, febrero de 2011





[1] EL GORGIAS, Platón.
[2] EL ELOGIO DE LA SOMBRA, Jorge Luis Borges, Obras completas, Alianza Emecé 1975
[3] ¿Acaso no creía Adolf Hitler que lo que hacía era lo que merecían los judíos? Es parado en esa función, que el hombre ha cometido los peores vejámenes de la historia.
[4] “En lugar de elaborar teorías y de apasionarse por las ideologías, este animal racional debería ofrecer hasta su camisa a quien lo necesitara – gesto de comprensión y de comunión”. EN LAS CIMAS DE LA DESESPERACION, Emil Michelle Cioran.
[5] ATEISMO: EL EXCELSO LEGADO DE EUROPEO, Slavoj Zizek.  http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=540

[7] TEORIA CRÍTICA CONSTITUCIONAL, LA DEMOCRACIA EN TU CARA. Ricardo Sanín Restrepo.
[8] La contradicción es la esencia de una vida fecunda, pues la coherencia solo lleva a una existencia esquemática. 

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