3/24/2011

Entrevista a Ricardo Sanín Restrepo




Simón Ortiz Pinilla

¿Cuál es el papel del Derecho con respecto a la configuración de la realidad?
¿Llega siquiera a configurarla o es otra realidad alterna?

La pretensión del Derecho siempre ha consistido en una neurosis por configurar la realidad, por definir cada uno de los campos de la realidad, por someter al ser humano y su imagina-ción. Algo que yo sostengo siguiendo a Pierre Legandre, es que la sociedad es la fantasía primordial del Derecho, por lo que siempre está queriendo acotar campos, siempre quiere establecer una reducción de la inclinación política con capacidad de transformar; obviamente en la modernidad eso ha dado paso a una serie de acciones políticas y de teorías que se oponen a la idea de que el Derecho simplemente es reflector de una realidad, que simple-mente establece un marco vacio donde cada quien ocupa un lugar. En mi trabajo el descubrimiento fundamental es el de que sujetos políticos como el “pueblo”, que resultan problemáticos, son mucho más amplios, ricos e intensos pero reducidos por el derecho tradi-cional. Estamos presenciando una transformación profunda de lo que entendemos por Derecho. Estamos llegando al punto en el que encontramos que el Derecho no debe ser un mecanismo de sometimiento, de regulación y reducción de complejidades, sino de amplias transformaciones sociales, es decir, que el derecho no solo tiene algo que decir para los abo-gados, sino que puede provocar la imaginación política y empujar los limites de posibilidad; pensar en lo improbable y pensar por fuera de…

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¿Qué papel juega la filosofía en esa transformación y transgresión de límites estableci-dos? 

Juega un papel absoluto, fundamental. Es que la filosofía es por esencia quien empuja los límites al abismo y quien imagina nuevos mundos. El derecho tradicional ha estado dise-ñado para cerrar las puertas, para no permitir pasar y cerrar fronteras, mientras que la filosofía; lo que yo llamo filosofía de la imaginación acá en Latinoamérica, está pensando y repensando categorías a partir de elementos que han sido extraños para ese Derecho tradicional, como por ejemplo, el otro en carencia, el otro en necesidad, el que queda por fuera de la regla institucional, el que no tiene voz. Es la combinación de filosofía y nuevo Derecho lo que permite un dialogo intersubjetivo y pleno entre todos los sujetos políticos. 

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¿Y el rol de la crítica de lo establecido? 
¿Por qué es necesario asumir, digamos, una posición de espejo roto? 

Es fundamental, porque lo establecido es una realidad falaz. La idea del espejo roto con-siste en que refleja una falacia, en cuanto asume una realidad a partir de puntos privilegiados y de campos privilegiados del lenguaje y de la acción. En ese sentido lo que hace la crítica es develar, no dejar piedra sobre piedra, es destructi-vo de lo dado. Destructivo de lo que ha sido dado a partir del mantenimiento del statu quo. ¿Qué encontramos detrás del velo? ¿Cómo podemos crear discursos donde todos este-mos incluidos y podamos hablar? La crítica consiste en no caer en un absoluto relativismo sino a partir de estas condiciones pensar en una nueva construcción. La critica tiene una parte que es de develación, de remoción de discursos, pero a partir de eso, poder encon-trar unos discursos que sean validos y donde todos estemos incluidos; encontrar cual es el sentido de la democracia, por ejemplo. La crítica destruye todos los campos que hasta el momento se han establecido sobre la democracia, mirando que hay detrás de ella, porque cuando acá en Colombia se habla de democracia, no se está hablando de democracia verdaderamente. La crítica debe construir no a partir de lo que queda demolido, sino de las historias que quedaron olvidadas, de los seres humanos que quedaron taponados. 

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Algunos demócratas dicen que es mejor evitar la democracia radical, pero ¿No es en sí misma la democracia radical? 

De acuerdo. No hay otra posibilidad de democracia que una democracia radical. En su semilla esta la radicalidad. Como dice Ranciere, la democracia es una paradoja donde quien gobierna es quien no tiene condiciones para gobernar, por lo que es problemática y en ese sentido es la única forma que saca a la superficie el conflicto escondido y la única que revela el antagonismo y la exclusión. No puede haber otra democracia que no sea radical. Cualquier vestido que se le ponga a la democracia la hace perder su esencia. 

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¿Qué es la educación jurídica? 

La javeriana es una buena muestra de que nada es permeable, de que uno no puede ais-lar los mundos. Que no se puede pretender crear retazos de ideologías. La educación jurídica tradicional se ha basado en crear técnicos del derecho y cancerberos del statu quo, donde simplemente se entrena a las personas en una serie de procedimientos para que salgan al mundo y reproduzcan esa idea de insularidad, de protección de las riquezas. Personas como Diego López, Oscar Guardiola y Roberto Vidal, han sido grandes determi-nadores de que la educación acá tome un rumbo completamente distinto. La educación jurídica se vuelve transformadora y capaz de medírsele al mundo y a la complejidad de un país como Colombia, que vive en la violencia. No temen ni denunciar la violencia ni propo-ner estadios y discursos para transformar. Acá hay un escenario bellísimo de confrontación de esas ideas. Los conservadores todav-ía creen que existe la posibilidad de imaginar una sociedad perfecta donde unos pocos quepan y el conocimiento sea estático y basado en privilegios; por otro lado están quienes confrontan con discursos revolucionarios a los discursos hegemónicos. A nivel mundial se ha vuelto un negocio sucio y se hace más evidente que el juego es el juego del deseo y de la reproducción y la pantomima. La educación jurídica en la javeriana conservadora, está montada en la idea de frustrar la imaginación y de no posibilitar el dia-logo por fuera de los esquemas del derecho. Se entrena al estudiante para repetir y conformarse con ciertos cánones y en la medida en que lo logre el deseo de poder y riqueza será liberado. Desde hace unos años, no solo los profesores sino también los estudiantes, siendo el gran ejemplo el movimiento del 91 y los semilleros de teoría crítica están combatiendo con el alma, luchando por decir otras cosas. Mi ejemplo clásico es que, como yo soy graduado del externando, cuando estaba dando clases, hable de poder constituyente y de constituyencia; e inmediatamente tuve a Fer-nando Hinestrosa parado al lado mío, con su dedo acusador, diciéndome: así no se dice. Reduciendo la capacidad de crear un lenguaje. La educación debe inventar mundos nue-vos. 

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Parece que el derecho juega el mismo juego de la Real Academia de la Len-gua en la crítica que le hacía Borges, que consistía en que por sus incapacidades fonéticas (las ibéricas) nos trataban de aplicar unas formas “correctas” de decir ciertas palabras, abstrayendo el lenguaje para sí. 

Exactamente lo mismo. La RAE consiste en nueve tipos sentados en Madrid que le ense-ñan al mundo como hablar y que decir y eso implica la reducción absoluta de las realidades y de la capacidad de nombrar y de crear. El derecho debe crear y nombrar realidades, ser revolucionario y nominar nuevas situaciones. El lenguaje es inagotable y no está dado; se reproduce todos los días. Las clases deberían ser en la plaza pública, en las cárceles. 

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¿Cómo asumes la crisis? 

La crisis es el fundamento de lo político. La creación de cualquier tipo de discurso no se puede pensar sin crisis. Uno no puede pensar el derecho como dependiente del capitalismo, que es una pésima forma de realidad política y que vive de la crisis. La crítica debe empujar a la crisis hasta sus últimas consecuencias. En cierta medida se le debe devolver al derecho la crisis, para que siempre tenga que reformular todos sus preceptos. La crisis está en la punta del dedo, es la realidad. Cuando uno crea un derecho que trate de contener la crisis y trate de ser un espejo solido, el derecho se pierde, volviéndose una bio-política y una forma de regulación disciplinada de las mentes, los cuerpos y las cosas. 

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¿Y frente a ella, se debe asumir responsabilidades o refugiarse? 

Asumir responsabilidades. Yo le digo a mis estudiantes, a excepción de uno o dos, que están siendo educados para ser los porteros del edificio de los poderosos. La costumbre de la clase media es simplemente sobreaguar, dejar la realidad por fuera, generando una anestesie grupal en contra de la crisis. La respuesta de la clase media no es afrontar sino refugiarse. Hay que asumir la crisis y con placer. Saber que se lucha, se vive y se muere por algo. 

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En tus artículos, además de encontrar el lector diferentes cosas, se encuentra mucho rock y… ¿cierto hedonismo? 

Yo no sé. Es una cierta mezcla de hedonismo y una dosis muy grande de mensajes que invitan a ser iconoclasta. Una de las cosas con las que yo me saboreo la boca es viendo a los constitucionalistas tradicionales leyendo no solo que yo produzco sino lo que produce también Oscar Guar-diola, Camilo Vallejo, Juan Felipe García. Con esto se está penetrando los esquemas establecidos y rasgando todo lo que aparentemente era solido y antisísmico. No se debe caer en una elegancia iuris, donde todos nos estamos dando besitos en el culo en cocteles y celebrando la decimoctava edición del manual refrito de siempre, sino evidenciar que aquí hay ideas y que están siendo alimentadas de la filosofía, del arte, del rock, del cine, de las matemáticas, a las cuales el derecho ha sido ajeno poniendo barreras formales, pero que están hechas de goma si se mira bien. 

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Gómez Dávila tiene un escolio en el que dice que la filosofía no tiene el deber de transformar a un mundo que se transforma solo, sino el de juzgarlo. ¿Qué piensas? 

Hegel enseña que el búho de minerva vuela tarde. La filosofía siempre está un paso atrás de la realidad. La realidad es incontenible y no hay nada que la filosofía pueda hacer. La imaginación política de los pueblos no tiene contención, pero hay que reformular a la filo-sofía que simplemente describe y enjuicia a la historia y a los movimientos populares. La filosofía debe abrir espacios de diálogo y no se debe conformar con simplemente pararse a ver la manifestación para dibujarla, porque se convierte en una retratista ajena al problema. Hay que partir del principio de que la realidad es incontenible, lo que haría que la filosofía también lo sea; la filosofía debe producir realidades, escribiendo cosas plagadas de dolor y sacrificio. Cuando juzgan a gente como Guardiola o Zizek por ser parecidas a estrellas de rock se equivocan, porque lo que eso demuestra es un compromiso fundamental con esa realidad que ellos están viviendo. El filosofo no debe estar encerrado en su gabinete (aunque debe estarlo en algunos momentos) sino que también debe estar en la plaza pública. Lo que ellos hacen es un grafiti, una manifestación popular de cuerpo presente. Si los filósofos se hablan entre filósofos solo van a apreciar una realidad amarga y lejana. 

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Ahora que decías que lo más gracioso era ver a los constitucionalistas tradicionales acercándose a los textos de derecho critico, es gracioso ver que lo hacen en su ma-yoría de veces a escondidas, como si sintieran un goce, pero perverso que no se puede revelar. 

El mismo calificativo de constitucionalista implica que lo que nosotros como críticos hacemos es pecado. Para mantener ese título hay que bloquear categorías y realidades con las que nosotros trabajamos, como la miseria la pobreza, o en mi caso el pueblo pro-blemático… 

Es un goce perverso. 

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Bogotá, marzo de 2011


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