4/27/2011

The People Cometh



publicado originalmente en CriticalLegalThinking.com,
Ricardo Sanín Restrepo

The contemporary constitutional state is trapped in a fundamental paradox: The tension between democracy and rule of law, or in other terms, between legitimacy and validity, or if you will, between the creativity of the political subject and the order and permanency of constituted power in law. The pressing issue is if democracy defines the legal order, or is the legal order the shape of democracy. Are the people the authors of the constitution? Are the people unthinkable within the legal system? Or on the contrary are the people the very condition of existence of law.

These questions compound much more than an academic battle of epic proportions, they label at least the following aspects that are crucial to any constitutional theory: 
  1. What is democracy?
  2. What is constitutional law?
  3. Who has the last word that ascribes constitutional content?
  4. Is the constitution a normative scheme with no place at all for the political? Which also implies the impossibility of collective formations such as the people 
  5. can the collective (common) have a sense beyond a simple sum of individual wills frozen by law in particular acts absent any unity of action? 
  6. Are “we the people” a fallacy, a piece of constitutional decoration that is in fact suppressed by an auto-referential normative system? 
  7. May law incorporate constituent power as a legal category? 

More punctual questions follow the aforementioned: when a strong leader invokes a majority as proof of his popular and thus democratic legitimacy is he/she invoking an authentic political subject or is he/she abducting constitutional language and therefore supplanting the political being of the people?
Within the perspective of law is there a Being called the people, can “we” the people think herself in her own terms? Is “we” a true being?


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1 comentario:

Anónimo dijo...

“La palabra «identidad» es utilizable para la definición de Democracia, porque designa la identidad
amplia –es decir, que comprende a gobernantes y gobernados- del pueblo homogéneo, y niega la
diferencia entre gobernantes y gobernados que existe en otras formas políticas. Hay que observar a este
respecto que la diferencia entre representantes y representados no se toma aquí en cuenta, pues
representados no son los gobernados, sino la unidad política como un todo. En la Democracia pura sólo
hay la identidad del pueblo, realmente presente, consigo mismo, y, por lo tanto, ninguna representación.
Con la Palabra «identidad» se designa lo existencial de la unidad política del pueblo, a diferencia de
cualesquiera igualdades normativas, esquemáticas o ficticias. La Democracia presupone en su conjunto y
en cada particularidad de su existencia política un pueblo homogéneo en sí, que tiene la voluntad de
existencia política. Bajo este supuesto es cierto lo que Rousseau dice de que lo que el pueblo quiere es
siempre bueno. Tal postulado es cierto, no a partir de una norma, sino del ser homogéneo de un pueblo.”
Schmitt, Carl, Op. Cit. (1982), p. 231.

Diferente a

“Hoy, como lo busca explicar Virno, después de la prevalencia durante siglos de la categoría de pueblo
y, por ende, de la dimensión del estado-nación, con la crisis profunda de la teoría política de la
modernidad reaparece la multitud como expresión de numerosos comportamientos contemporáneos,
reviviéndose el debate bajo nuevas perspectivas, en lo que se ha denominado otro siglo XVII, pues los
novedosos fenómenos de la producción contemporánea son inexplicables sin tener como punto de partida
el modo de ser de los muchos. (…)
“Las transformaciones contemporáneas han provocado que los cuerpos de la multitud hayan recuperado
su carácter irreductible, convirtiéndose cada vez más en cuerpos extraños y rebeldes a las fuerzas de la
disciplina y la normalización. El predominio del trabajo inmaterial, del intelecto general, los ha
convertido en cybercuerpos que se mueven libremente más allá de los límites que separaban al hombre de
la máquina. Y en el nuevo orden de la globalización, se han creado nuevos circuitos de cooperación y
colaboración que se extienden sin distinción de naciones y continentes y hacen posible un número infinito
de encuentros. No nos hemos vuelto iguales, sino que sobre la base de nuestras diferencias podemos
comunicarnos y actuar juntos.” Moncayo, Víctor Manuel, “La multitud: sujeto y predicados. Una
invitación a la lectura de Paolo Virno”, 2007, publicado en el presente libro.