2/29/2012

Constitucionalismo Mestizo


César Augusto Baldi

La teoría constitucional, en el continente americano, históricamente, se basó en modelos europeos, sea de España, Portugal, Alemania o Francia. Un modelo que fue construido a partir de una equivalencia: un Estado = un territorio = una nación = una lengua nacional. Fue, en gran parte, una teoría constitucional eurocentrada, blanca, mono-cultural y, hasta cierto punto, mono-religiosa y mono-lingüística.  Los modelos de repartición de funciones del Estado, sus relaciones con la sociedad civil, la propia formación de la nacionalidad fueron inspirados en los parámetros que las teorías europeas construyeron como canon. Los últimos movimientos constitucionales de los países de América del Sur cuestionan este modelo colonial, en puntos hasta entonces hegemónicos y tenidos como incuestionables.


En primer lugar, porque, delante de una crisis de representación de los partidos políticos y de una “democracia de baja intensidad”, este modelo insiste en nuevas interrelaciones entre la democracia representativa y la democracia participativa. No sólo referendos y plebiscitos, sino diversos movimientos de participación popular y de constitución de órganos intermediarios entre el Estado y los representados (consejos, órganos de fiscalización, presupuesto participativo, etc.). En el caso de Bolivia, hay cuatro niveles distintos de autonomía, dentro de un Estado unitario. El constitucionalismo clásico se ha quedado inmóvil en la fórmula “todo el poder emana del pueblo y en su nombre es ejercido”.

En segundo lugar, porque este modelo rompe, parcialmente, con una visión eurocentrada del mundo y se plantea incluir desde visiones hasta entonces marginadas en la teoría constitucional, fruto también del fuerte protagonismo de las comunidades indígenas. Algunos ejemplos son: el registro de que el derecho al medio ambiente ecológicamente equilibrado debe garantizar a sostenibilidad y el bienestar (“sumak kawsay”, art. 14 de la Constitución Ecuatoriana);  la inclusión de “ama qhilla, ama lulla, ama suwa” (no sea perezoso, mentiroso ni ladrón), “suma qamaña” (vivir bien), “ivi maraei" (tierra sin mal), “ñandereko” (vida en armonía) entre los principios ético-morales de la sociedad plural (art. 7 de la Constitución Boliviana) o aun el reconocimiento de que la naturaleza (“pacha mama”) tiene derecho “a que se respete integralmente su existencia, mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos” (art. 71 de la Constitución de Ecuador).

El tercer punto es que, en este modelo colonial, el reconocimiento de la diversidad étnica ha sido resaltado en las nuevas constituciones de Bolivia y de Ecuador, desde que la “jurisdicción indígena” adquirió status constitucional. Sin embargo, esto ya había sido esbozado, aunque en otros términos, en la Constitución de Colombia, de 1991, y fue objeto de la Convención n. 169 de la OIT. La teoría constitucional clásica todavía resiste en reconocer el pluralismo jurídico y la posibilidad de autodeterminación jurisdiccional de las comunidades indígenas (por ejemplo, en Brasil, el debate sobre la Tierra Indígena “Raposa Serra do Sol” y las alegaciones de que esto en realidad sería como un “Estado paralelo”, fuera del Estado nacional, e incluso cuanto al riesgo de “separatismo”).

En cuarto lugar, porque los vientos de la interculturalidad acaban por reconocer la diversidad étnica, cultural, religiosa, lingüística y social, de lo que son ejemplos: la cooficialidad de 36 idiomas indígenas al lado del español (art. 5.1 de la Constitución Boliviana); la necesidad de que la educación se imparta en términos interculturales, las afirmaciones constitucionales de “Estado plurinacional” (como en Nicaragua) y la propia existencia de educadores étnicos, para la formación de los jóvenes respecto a las contribuciones de las comunidades afro-colombianas. Eso acarrea, por tanto, la inclusión del saber indígena y negro, hasta entonces marginados (la “descolonización del saber”).

El quinto punto es que esto implica repensar las soluciones institucionales uniformes, descentralizar el Estado y repensar las juridicidades. Al final, se trata del reconocimiento de la demodiversidad (diferentes instituciones con distintos grados democráticos), de la sociodiversidad (distintos grupos sociales) y, por fin, la cosmodiversidad (diferentes cosmologías).

Sexto, porque la territorialidad pasa a ser pensada de forma distinta. Por ejemplo, los indígenas de varios países no quieren separarse del Estado nacional y crearse su propio Estado, sino que luchan por el reconocimiento de su territorio simbólico, que muchas veces puede no coincidir con las fronteras provinciales actuales, pero que, por otro lado, no se resume a la lucha por tierras, en su sentido clásico. La situación de los indígenas bolivianos desde luego no es la misma que aquella entre Cataluña/España, Chechenia/Rusia y, quizá, Tibet/China.

Séptimo, porque los textos constitucionales refuerzan la dimensión de los derechos económicos, sociales y culturales, al paso que las constituciones europeas siempre han tenido un fuerte énfasis en los derechos civiles y políticos. Lo que implica, por otro lado, redimensionar la teoría de los derechos humanos, en sus tradicionales términos de universalidad e interdependencia.

Resta saber si este proceso rico, creador de textos constitucionales innovadores, es suficientemente fuerte para la transformación de la realidad o servirá solamente para el diagnóstico de una realidad poscolonial que necesita ser vencida. De momento, lo cierto es que el mapa constitucional, tal como el de Al-Idrisi en el siglo XII, gira, en los últimos tiempos, con el sur en la parte de arriba, y el norte, abajo. No debe de ser fácil para las ex-metrópolis tomar lecciones de democracia, constitucionalismo y derechos humanos de las ex-colonias.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante artículo. Ya había leído casi todas las ideas principales en la obra de Boaventura de Sousa Santos. No sería bueno citarlo?
Saludos:
José Luis

Anónimo dijo...

Buen ensayo, creo que coincidimos en muchos aspectos, pero hay que entender que debemos abandonar la idea de decolonizarnos, vivimos en un mundo en el cual el modelo occidental de pensamiento se impuso en casi todos los rincones de la tierra, pero eso hace que ya no existan esas subjetividades intactas que todavia rondan la literatura de las ciencias sociales, el arma mas fuerte que tuvieron los españoles no fue el exterminio de los indigenas sino imponer un modelo de dominacion cultural, en donde muchas veces las elites de los indigenas unieron lazos con los españoles para mantener su hegemonia, dando a paso a estructuras de poder como el cacicazgo, es desde estas subjetividades que se debe pensar en un modelo pluralista de estado, pero al contrario su ensayo me refuerza enteramente la idea de que debe existir un estado liberal que permita la diferencia, que haga posible escenarios de autodeterminacion, y que dirima los conflictos entre los diferentes grupos sociologicos, en donde se establezca unos minimos de convivencia y el respeto por el otro, se necesita un gobierno que no permita la creacion de grupos al margen de la ley que se quieran tomar el estado a punta de violencia, y acabar con todo lo que piensa distinto como las atrocidades que han hecho las Farc con los indigenas, al no entender que ellos lo que quieren es autonomia y que los dejen en paz nada mas (y depronto un estado mas incluyente), creo que Colombia Peru Bolivia etc. han avanzado bastante en este aspecto, si falta camino pero todo no se puede volver critica, miren la diferencia entre las legislacione sde supuestos paises primer mundistas como Canada y Australia en donde existen este tipo de subjetividades y lo unico que han hecho es propender por su eliminacion, como la infame Generacion Perdida Australiana en donde a los aborigenes les raptaban a losd hijos para que fueran criados como "blancos" esto es una forma de genocidio, entonces antes de criticar todo y no citar mire los contraargumentos, mire que se puede hacer al respecto, si lo fastidia todo lo europeo empiece por usar teorias autoctonas, a mi al contrario no veo ningun problema en citar europeos o extranjeros en la medida que tengan ideas que sirven a una causa, la contradiccion radica en odiar todo lo extranjero y hablar que tenemos que parar de importar teorias extranjeras pero citar indebidamante a autores extranjeros