5/25/2012

Ruinas que siguen en pie

Santiago Ortiz H.


“Dicho en otros términos: desde Kant el papel de la filosofía
ha consistido en impedir que la razón superase los límites
de lo que viene dado por la experiencia; pero desde esta época
— es decir, con el desarrollo de los Estados modernos y
la organización política de la sociedad- el papel de la filosofía
ha consistido también en vigilar los abusos de poder
de la racionalidad política —lo que leproporciona una esperanza
de vida bastante prometedora.”
Michel Foucault. — Omnes et singulatim. 



El derecho dentro de lo que crea, ordena y dispone, sirve como herramienta de verdad en las maneras de hacer y de relacionarnos en el plano institucional, porque fuera de ahí no hay lugar para la rigidez ni para esa fastidiosa sintaxis. De hecho las practicas extrajurídicas ofrecen medios más eficientes para la solución de problemas, el artificio del derecho se vuelve tosco, fuera de ser sofisticado es arcaico y obsoleto, se vuelve tan enmarañado cuando se ve la cara frente a las realidades que se supone regenta que en su ontológica incapacidad no da luz sino a virtualidades, cuya realidad no es creíble más que por quien verdaderamente se esfuerza por sacralizar la ley y otorgarle eficacia.

No tratare los lugares mitológicos que los portadores del mensaje oscuro del derecho emplean para justificarse, específicamente en las regiones donde la revolución francesa tuvo influencia y a donde se exportó esa influencia, dentro de este grupo, pero en condición de periferia intelectual, incluyo a Colombia, donde su educación legal parte de este episodio en 1789, como si de ahí hasta ahora, el devenir histórico no hubieran cambiado las cosas; La educación de las milicias en las facultades de derecho hace un salto conveniente de la revolución francesa que se dice fue la primera experiencia histórica que abolió al antiguo régimen, a un punto nebuloso del siglo XIX, deificando al más pequeño de los hombres que nombran, así como Adán, Andrés Bello lo hizo, que hacia parte de esos importantes intelectuales, estudiosos de la gramática y el lenguaje. Desde “la gramática general y razonada” de Port Royalle o los trabajos de Ferdinand de Saussure, Franz Bopp, Max Muller, todos lingüistas que trabajaron y estructuraron los incipientes, pero para nada simples modelos lingüísticos y de configuración de sistemas dialecticos o de oposición constituyentes del lenguaje, se proyectaba ordenar el mundo.

Ordenarlo desde un orden intelectual que se hacía desde la labor elemental de nombrar las cosas se irradiaba a los otros sectores de la praxis como la ética y la moral, es de anotar que el punto de partida teórico en común es el positivismo y es desde allí se entiende el proyecto político de quienes tenían esta misión como el respetadísimo don Andrés Bello quien después era leído atentamente por Carreño, autor del manual de urbanidad. Estas filiaciones intelectuales son muy dicientes a la hora de entender qué modelo de país estaban pensando a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Es así como todo un sector de la intelectualidad estaba ideológicamente conectado, y es de esta idea en donde encuentro que el derecho extrajo genéticamente su pretensión de totalidad totalizante.

El siguiente momento que históricamente sirve para legitimar el discurso jurídico actual es la postguerra, de donde se rescata el texto que se incorpora a todos los sistemas legales o al menos a la mayoría de países que asumen la democracia liberal y por tanto constitución, la declaración de los derecho humanos, ese texto engendrado por quienes en su momento tenían la capacidad de infringir tales derechos, pues de hecho lo hacían, todas las potencias imperialistas que resultaron vencedoras de la segunda guerra mundial, y el discurso legitimador que subyace a los principios del derecho moderno, no es más que una triquiñuela retorica que esconde la ley del más fuerte, para no hablar de las filiaciones ideológicas con el Darwinismo social asociado a la idea de progreso inmanente en la modernidad.

Y es de esta manera como la tendencia monopolizadora descrita del derecho se inserta en la cotidianidad, es la institución atravesando las representaciones de los sujetos que gobierna, encausando las conductas, castigando o tolerando, haciendo que su discurso sea el discurso legal, hasta cierto punto lo logra, incluso lo hace a pesar de que en el discurso de los oprimidos existen resistencias conscientes o inconscientes, más visibles o más sutiles, y por oprimidos entiendo cualquiera que ocupe el rol del que obedece, ello trasciende incluso los privilegios o desventajas de clase, si bien la clase dirigente es la que en definitiva hace la ley a su acomodo según un modelo político también conveniente, en ocasiones es la ley la que no le permite concretar sus fines o el modelo político en general un obstáculo para estos mismo. Un ejemplo es la retirada de las instituciones liberales y de la democracia en el mundo en el periodo entreguerras que desembarco en autoritarismos y grandes acumulaciones de capital, para luego resurgir y entrar nuevamente en una crisis que pone en duda las promesas de la modernidad y la democracia como hoy en día se entiende.

La manera en que se integra el derecho en la cotidianidad de la vida es por vía ideológica, moviéndose entre títulos y artículos, entre cátedras que se presentan desideologizadas pero que hacen bien su tarea ideologizante.

¿Y porque, tanto como para que tomarse la tarea de poner en evidencia lo que “está ahí” pero que no es sencillo ver?,  ¿Por qué historizar algo que se presenta como dado y coherente?

Esta breve muestra es en realidad una invitación a deconstruir el derecho, deconstruir la visión de mundo que porta teniendo en mente la propuesta, porque si la crítica es importante, no es por el debate del que hablan aquellos que en realidad no quieren debatir sino encubrir como democrático un prejuicio ya establecido. El valor de la crítica está en que propone, discierne y ofrece posibilidades, al demostrar limites y mentiras, el sentido crítico va mas allá de su entendimiento vulgar, y propone devolver la condición histórica aquello que ha sido desconectado de su propio desarrollo.

Este texto breve tiene como propósito servir para posteriores acercamientos a la cuestión de la génesis ideológica presente en el discurso jurídico colombiano, desde una perspectiva que sirva para entender lo que podría denominar, una racionalidad heredada decimonónica y que hoy, con actualizaciones de viejas instituciones, se mantiene y marca una diferencia contundente entre el artificio “cotidiano” y el jurídico, como si hubiera cierto límite de traductibilidad entre sí, propongo asumir estos problemas como invitación a quien entienda que observar las problemáticas en su condición histórica es necesario para una crítica apropiada.

1 comentario:

Enrique dijo...

Los límites, las mentiras, no sostienen más la intrincada urdimbre jurídica Méxicana y de los otros sistemas jurídicos. Una muy interesante reflexión e invitación, gracias.